{"id":2391,"date":"2021-04-13T16:16:21","date_gmt":"2021-04-13T19:16:21","guid":{"rendered":"https:\/\/aldanacasal.com.ar\/?p=2391"},"modified":"2025-07-21T21:00:40","modified_gmt":"2025-07-22T00:00:40","slug":"el-amor-no-es-un-mito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aldanacasal.com.ar\/index.php\/el-amor-no-es-un-mito\/","title":{"rendered":"El Amor no es un Mito"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Por Amalia Domingo Soler<\/h4>\n\n\n\n<p>Era una noche hermosa de verano, cuando est\u00e1bamos varios amigos reunidos en el Sal\u00f3n del Prado, en Madrid, junto a la fuente de las Cuatro Estaciones. <br><br>No s\u00e9 por qu\u00e9, nos dio la humorada de hablar sobre el espiritismo y el amor. La discusi\u00f3n era muy animada: casi todos se re\u00edan a costa del amor y del espiritismo, echando a volar disparatadas ocurrencias y chistes gracios\u00edsimos, a que tanto se prestan las dos sublimidades, miradas a ras de tierra. <br><br>Nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n la mudez de Leopoldo, el m\u00e1s dicharachero y el m\u00e1s elocuente de todos otras veces. Este joven es ilustrado y conocido escritor. Le preguntaron: <br><br>\u2014\u00bfQu\u00e9 le sucede, se\u00f1or trapense? \u00bfEst\u00e1 usted enfermo? <br><br>\u2014No \u2014contest\u00f3 Leopoldo\u2014, pero he recibido hoy una carta que ha despertado en m\u00ed dolorosos recuerdos, y estoy en un estado de \u00e1nimo especial, como cuando la memoria retrocede, se abisma en el pasado, y por raz\u00f3n natural, lo que   nos rodea no consigue atraer nuestra atenci\u00f3n. Tal es as\u00ed, que he estado lejos de vuestras discusiones, abstra\u00eddo en mis pensamientos.<br><br> \u2014Mira \u2014le dijo un joven marino\u2014, nos hemos estado riendo del espiritismo y del amor, de los fen\u00f3menos del uno y de los efectos del otro. <br><br>\u2014Pues hab\u00e9is perdido lastimosamente el tiempo. <br><br>\u2014\u00bfPor qu\u00e9? <br><br>\u2014Porque s\u00ed. <br><br>\u2014Si no das otra explicaci\u00f3n\u2026 <br><br>\u2014Vamos, hable usted, Leopoldo \u2014dijo una lind\u00edsima joven llamada Luisa\u2014. Confunda usted a estos descre\u00eddos con su elocuente palabra. <br><br>\u2014\u00a1Ay! amiga m\u00eda: in\u00fatil peroraci\u00f3n; los hombres de hoy necesitan hechos, y no palabras. Yo pertenezco en cuerpo y alma a mi \u00e9poca, y confieso ingenuamente que ni los discursos de los m\u00e1s floridos tribunos, fil\u00f3sofos y pol\u00edticos, logran convencerme. Soy tomista; necesito tocar para creer; nuestra generaci\u00f3n es as\u00ed, positivista por excelencia. \u00bfC\u00f3mo quiere usted, Luisa, que conociendo el terreno que piso, me aventure a arrojar la semilla, si s\u00e9 que resbalar\u00e1 y no germinar\u00e1 ni un solo grano? Se r\u00eden ustedes de los fen\u00f3menos espiritistas y niegan el amor; r\u00edanse y ni\u00e9guenlo cuanto quieran: ya variar\u00e1n de opini\u00f3n cuando las circunstancias los hagan variar por fuerza, como sucedi\u00f3 conmigo. <br><br>\u2014Pues cu\u00e9ntanos eso \u2014exclamaron varios a la vez. <br><br>\u2014S\u00ed, s\u00ed, hable usted \u2014replic\u00f3 Luisa. <br><br>La indicaci\u00f3n de esta \u00faltima decidi\u00f3 a Leopoldo a manifestarse comunicativo, y dijo: <br><br>\u2014Conste que de la historia que os voy a contar no soy el protagonista: no he sido m\u00e1s que testigo. \u00bfOs acord\u00e1is de Sof\u00eda Burgos? <br><br>\u2014Mucho \u2014contest\u00f3 Luisa\u2014, que l\u00e1stima de muchacha, era guap\u00edsima.<br><br> \u2014Pues bien: Sof\u00eda fue mi compa\u00f1era de la infancia; nos quer\u00edamos fraternalmente; y yo la hubiera amado de otra manera\u2026 si \u00c1lvarez no se hubiera adelantado. <br><br>\u2014\u00bfNo era primo de ella? \u2014pregunt\u00f3 Luisa. <br><br>\u2014S\u00ed: eran primos hermanos; los tres nos criamos juntos, y nos quer\u00edamos entra\u00f1ablemente. Juntos estudi\u00e1bamos nuestras lecciones: nos llamaban los inseparables, Sof\u00eda amaba a su prometido con delirio, y yo deseaba que se casaran para que tuvieran hijos y con ellos crearme una familia; porque ninguna mujer me llamaba la atenci\u00f3n. Mi ilusi\u00f3n hubiera sido Sof\u00eda, y no siendo ella, nadie lograba cautivarme; ya porque no ten\u00eda tiempo de buscar nuevas ilusiones, ya porque todas las horas que ten\u00eda disponibles las pasaba en su casa. Cuando llegaban las vacaciones, me iba con ella y su familia al campo. Las noches de invierno, ya se sab\u00eda, con ella al teatro y al caf\u00e9 y a las reuniones\u2026 Y \u00bfno es cierto que queri\u00e9ndola tanto como la quer\u00edamos \u00c1lvarez y yo, al morir Sof\u00eda deb\u00edamos haber pensado en atentar contra nuestra vida, falt\u00e1ndonos la suya? <br><br>\u2014El amor no existe \u2014dijo el marino\u2014, \u00bfno lo dec\u00eda yo? <br><br>\u2014La generalidad no dir\u00e9 que sienta como se debe sentir; pero hay quien muere de amor. <br><br>\u2014Mentira, mentira \u2014replicaron\u2014 y la prueba la tienes en ti mismo y en \u00c1lvarez, que alguien me ha dicho que se casaba en Londres con una riqu\u00edsima heredera. <br><br>\u2014Es verdad que se casa; hoy he tenido carta suya: a ella me refer\u00eda cuando os he dicho que una carta hab\u00eda despertado en m\u00ed dolorosos recuerdos. Pero esto no se opone a que mi alma volara tras de Sof\u00eda cuando mi amiga dej\u00f3 la tierra. Escuchad. <br><br>Todos acercamos nuestras sillas, estrechando el c\u00edrculo que form\u00e1bamos. Leopoldo se quit\u00f3 el sombrero, se pas\u00f3 la mano por la frente y comenz\u00f3 diciendo: <br><br>\u2014Yo siempre me hab\u00eda re\u00eddo de las simpat\u00edas de los esp\u00edritus, pero ya no dudo de que son hijas de algo que desconocemos. He dicho que Sof\u00eda adoraba a su   prometido, y este era esclavo de su amada; pues bien, un a\u00f1o antes de morir Sof\u00eda, comenz\u00f3 \u00e9sta a ponerse triste, sin que lograran distraerla ni los tiernos cuidados de su familia, ni los desvelos de \u00c1lvarez, ni mis atenciones: pas\u00e1base largas horas sentada en una butaca con los ojos cerrados y a veces me dec\u00eda:<br><br>\u2014No s\u00e9 que tengo, Leopoldo: se me fi gura que soy un viajero que da la vuelta al mundo buscando algo que no encuentra. Soy ingrata; todos me quer\u00e9is mucho, y a veces sue\u00f1o que he de hallar a un ser que me querr\u00e1 m\u00e1s que vosotros, \u00a1ay!, pero nunca llega. \u00bfSabes t\u00fa d\u00f3nde est\u00e1, Leopoldo? <br><br>Y la pobre enferma lloraba desconsolada. \u00abNo hag\u00e1is caso, dec\u00edan los m\u00e9dicos, son delirios de la juventud\u00bb. Mas entre tanto, Sof\u00eda iba palideciendo, y en sus hermosos ojos se apagaba la llama de la vida. <br><br>Seis meses antes de morir, estaba mi pobre amiga, una noche, m\u00e1s deca\u00edda que de costumbre, cuando de pronto se levant\u00f3 exclamando: <br><br>\u2014Quiero ir al caf\u00e9 del Siglo, de la calle Mayor; \u00bfvamos? <br><br>Y como su menor deseo era una ley para todos nosotros, a sus padres les falt\u00f3 tiempo para complacerla. Salimos, y Sof\u00eda se apoy\u00f3 en mi brazo, dici\u00e9ndome al o\u00eddo: <br><br>\u2014No se por qu\u00e9 el coraz\u00f3n me da que muy pronto voy a encontrar aquello que tanto anhelo. <br><br>Call\u00f3, viendo que \u00c1lvarez se aproximaba, pues con \u00e9l no ten\u00eda la fraternal confianza que conmigo. <br><br>Llegamos al caf\u00e9, nos sentamos, reuni\u00e9ronse con nosotros dos familias amigas, y Sof\u00eda se puso tan animada y risue\u00f1a como cuando estaba sana y buena. \u00c1lvarez la miraba encantado, y murmuraba a mi o\u00eddo: <br><br>\u2014\u00a1Qui\u00e9n sabe! \u00a1Es tan joven! \u00a1Quiz\u00e1 sufra un cambio su naturaleza! \u00bfNo ves c\u00f3mo se r\u00ede? <br><br>Porque Sof\u00eda hablaba m\u00e1s que todos, haciendo broma con cuantos la rodeaban. En esto se oye cerca de nosotros una voz infantil que grita: <br><br>\u2014Se\u00f1ores: La Correspondencia de Espa\u00f1a. <br><br>Era un ni\u00f1o de unos diez a\u00f1os, pobremente vestido, de simp\u00e1tica figura. Acercose, dio la vuelta a la mesa, y cuando lleg\u00f3 junto a Sof\u00eda, le present\u00f3 no s\u00e9 qu\u00e9 peri\u00f3dico con caricaturas, dici\u00e9ndole: <br><br>\u2014Con esto se alegran los corazones tristes; c\u00f3mprelo usted. <br><br>La ocurrencia del chicuelo nos hizo re\u00edr a todos. Sof\u00eda, en particular, fue la que m\u00e1s se fij\u00f3 en \u00e9l. <br><br>\u2014\u00bfY qui\u00e9n te ha dicho que yo tengo el coraz\u00f3n triste? <br><br>\u2014No s\u00e9 \u2014contest\u00f3 el muchacho todo confuso\u2014; pero usted tiene cara de ser muy buena, y mi madre dice que para los buenos son todas las tristezas. <br><br>\u2014Se conoce que tu madre no es tonta \u2014dijo Sof\u00eda. <br><br>\u2014\u00a1Qu\u00e9 ha de ser tonta!, si todas las vecinas vienen a consultar con ella. <br><br>\u2014Echar\u00e1 las cartas \u2014dijo \u00c1lvarez ri\u00e9ndose. <br><br>\u2014Mi madre no hace esas brujer\u00edas \u2014replic\u00f3 el ni\u00f1o, algo amostazado. <br><br>\u2014\u00a1Vaya, qu\u00e9 ocurrencias tienes t\u00fa tambi\u00e9n! \u2014exclam\u00f3 Sof\u00eda, mirando a su prometido con cierto enojo. \u2014Mira, no hagas caso \u2014a\u00f1adi\u00f3 mirando al ni\u00f1o\u2014. \u00bfQuieres caf\u00e9? Tienes cara de tener mucho fr\u00edo. <br><br>\u2014S\u00ed que lo tengo, se\u00f1orita. <br><br>\u2014Pues ver\u00e1s c\u00f3mo vas a entrar en calor. Tr\u00e1ete una silla y si\u00e9ntate. <br><br>No se hizo de rogar el chiquillo: se trajo una silla, y sent\u00e1ndose junto a Sof\u00eda, le sirvieron un caf\u00e9 con media tostada, \u00bfy qu\u00e9 les dir\u00e9 a ustedes? Que pasamos el rato  entretenidos con la conversaci\u00f3n de aquel ni\u00f1o, que parec\u00eda un hombre de gran experiencia por sus l\u00f3gicos razonamientos. A todos nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n, pero m\u00e1s especialmente a Sof\u00eda, que le hizo mil preguntas. \u00c1lvarez me dec\u00eda en voz baja: <br><br>\u2014\u00bfNo la ves qu\u00e9 contenta est\u00e1? Es preciso que todas las noches la traigamos al caf\u00e9; se ha distra\u00eddo m\u00e1s que en el teatro. <br><br>Desde aquella noche, Sof\u00eda cambi\u00f3 por completo. Ya no la ve\u00edamos abismada en sus pensamientos, ni me volvi\u00f3 a hablar de sus sue\u00f1os. <br><br>En el caf\u00e9, el ni\u00f1o El\u00edas ven\u00eda a pasar con nosotros largos ratos. Como Sof\u00eda lo prefer\u00eda tanto y not\u00e1bamos en \u00e9l tanta inteligencia, nos interesamos por su suerte, y as\u00ed supimos que era hu\u00e9rfano de padre, que ten\u00eda madre y dos hermanas y que se pasaba su vida en la calle vendiendo peri\u00f3dicos. <br><br>La intemperie y las necesidades iban destruyendo el endeble organismo del muchacho. <br><br>El padre de Sof\u00eda habl\u00f3 con la madre del vendedor de peri\u00f3dicos, que vio el cielo abierto cuando comprendi\u00f3 que a su hijo lo har\u00edan hombre. Fue ingresado en un colegio, e iba a comer diariamente con Sof\u00eda. <br><br>\u00c1lvarez, viendo a su amada ir de bien en mejor, le propuso efectuar su proyectado enlace. Accedi\u00f3 ella gustosa a sus deseos. <br><br>\u2014S\u00f3lo una gracia te pido \u2014le replic\u00f3\u2014: que me dejes querer a El\u00edas. Siento por \u00e9l un cari\u00f1o que no se parece al que profeso a los dem\u00e1s: yo no s\u00e9 si a los hijos se querr\u00e1 del modo que yo quiero a ese ni\u00f1o. <br><br>Pasaron unos d\u00edas entre risas y juegos, ilusiones y esperanzas. Sof\u00eda era completamente feliz cuando correteaba por el jard\u00edn con El\u00edas, como dos chiquitines traviesos. <br><br>Un d\u00eda fuimos al Retiro. Levantose en mal hora un aire muy fr\u00edo, y Sof\u00eda comenz\u00f3 a toser: aunque trataba de ocultarlo, advertimos que en su pa\u00f1uelo hab\u00eda algunas  manchas de sangre. \u00c1lvarez no supo disimular su alarma; pero El\u00edas se le acerc\u00f3 y le dijo por lo bajo: <br><br>\u2014No ponga usted el semblante triste, que se asustar\u00e1 Sof\u00eda. <br><br>Miramos al ni\u00f1o y vimos que se enjugaba furtivas l\u00e1grimas, que quiso aparentar serenidad y comenz\u00f3 a tararear una canci\u00f3n que encantaba a Sof\u00eda. \u00a1Un ni\u00f1o nos daba lecciones de entereza! <br><br>Llegamos a casa. Sof\u00eda se acost\u00f3 y \u00a1ya no se levant\u00f3 m\u00e1s! <br><br>\u00c1lvarez estaba desesperado al ver apagarse aquella luz de su existencia. El\u00edas consolaba al prometido de Sof\u00eda y cuidaba a \u00e9sta con ternura sin igual. <br><br>Ya pr\u00f3xima a la agon\u00eda, y en momentos de lucidez, llamo para decirme quedamente: <br><br>\u2014\u00bfTe acuerdas? Ya te dec\u00eda que yo era un viajero que buscaba algo. Pues mira, ya he llegado al t\u00e9rmino de mi viaje: encontr\u00e9 lo que buscaba. Era un ser que me quiere m\u00e1s que todos vosotros. \u00a1Ese ser es El\u00edas! <br><br>A esto levant\u00f3 la voz llamando a toda su familia, despidi\u00e9ndose de todos con frases conmovedoras. <br><br>\u2014\u00a1Adi\u00f3s \u2014dijo a \u00c1lvarez\u2014, mi amado de la tierra!\u2026 <br><br>Y luego, mirando a El\u00edas, se ilumin\u00f3 su semblante con una sonrisa divina. \u2014\u00a1Hasta luego! \u00a1No tardes!\u2026 <br><br>Y expir\u00f3. <br><br>Nuestra desesperaci\u00f3n lleg\u00f3 al extremo. Los padres de Sof\u00eda, yo no se c\u00f3mo a\u00fan tienen ojos para llorar. \u00c1lvarez, daba compasi\u00f3n verle\u2026 Yo viv\u00eda sin sombra, porque para mi Sof\u00eda lo era todo. Sin embargo, todos nos hemos ido consolando, menos El\u00edas; ese ni grit\u00f3, ni derram\u00f3 una l\u00e1grima, ni pronunci\u00f3 una sola palabra. Pero a los tres meses de   morir Sof\u00eda, muri\u00f3 \u00e9l de consunci\u00f3n, diciendo poco antes de lanzar su postrer suspiro:  <br><br>\u2014Me voy, porque ella me espera. <br><br>\u00c1lvarez se indignaba contra s\u00ed mismo, y dec\u00eda: <br><br>\u2014\u00a1Un ni\u00f1o me ha vencido! \u00a1\u00c9l ha sabido morir!\u2026 mientras yo vivo. <br><br>Una noche vino a mi cuarto \u00c1lvarez, gritando como un loco: <br><br>\u2014\u00a1Leopoldo! \u00a1He visto a Sof\u00eda! No creas que deliro, no. Estaba pensando en el heroico El\u00edas, cuando o\u00ed la voz de Sof\u00eda, dici\u00e9ndome claramente: \u00ab\u00a1T\u00fa no has muerto, porque no deb\u00edas morir; tranquil\u00edzate, tranquil\u00edzate!\u00bb <br><br>Yo me asust\u00e9 m\u00e1s que \u00c1lvarez, y le aconsej\u00e9 que se fuera a viajar para distraerse. El se fue a Inglaterra, y yo estudi\u00e9 el espiritismo para hallar una soluci\u00f3n a los presentimientos de Sof\u00eda, y a la muerte de aquel pobre ni\u00f1o. Hab\u00eda en todo este proceso enigm\u00e1tico un hecho indesmentible. <br><br>Cuatro seres quer\u00edamos con delirio a Sof\u00eda: sus padres, su prometido y yo; y a pesar de nuestro amor, que era inmenso, vino un ser extra\u00f1o, un ni\u00f1o, y ella le am\u00f3 m\u00e1s que a todos nosotros, y \u00e9l la quiso m\u00e1s que todos nosotros juntos, puesto que muri\u00f3 por ella. \u00bfQu\u00e9 prueba esto? El espiritismo me da la clave de todo el misterio, cuando menos me lo explica. \u00c1lvarez, como yo, estudi\u00f3 tambi\u00e9n las obras de autores espiritistas, y aunque a ustedes les causar\u00e1 risa lo que les voy a decir, \u00c1lvarez me escribe dici\u00e9ndome que se casa, y lo hace porque el esp\u00edritu de Sof\u00eda se comunica con \u00e9l y le ha aconsejado que se case. Resultado: que hay quien se muere por amor, y los esp\u00edritus sobreviven al cuerpo material. Yo tengo algunas comunicaciones de Sof\u00eda. <br><br>Luisa le dijo en voz baja a Leopoldo s\u00ed tendr\u00eda inconveniente en dejarle leer los dictados del esp\u00edritu de la enamorada, y d\u00e1ndoselos, a\u00f1adi\u00f3 el joven: <br><br>\u2014Despu\u00e9s de le\u00eddos, pod\u00e9is d\u00e1rselos a Amalia. <br><br>Al d\u00eda siguiente vino Luisa a verme y me entreg\u00f3 la carta de \u00c1lvarez, que conten\u00eda varias comunicaciones de Sof\u00eda. Una de ellas dec\u00eda lo que sigue:  <br><br>\u00abHay amores que nacen en la tierra; hay afectos que vienen de otros mundos. T\u00fa me has querido como se puede amar en este planeta. T\u00fa eres un esp\u00edritu muy joven a\u00fan; el m\u00edo, en cambio, es muy viejo; y a pesar de que para los terrenales mi muerte ha sido para ti una desgracia, en realidad has ganado ciento por uno, porque yo tengo una larga historia, y los esp\u00edritus que han llorado mucho, se unen mejor con sus compa\u00f1eros de infortunio. Por esto El\u00edas era tan simp\u00e1tico para m\u00ed. Juntos sucumbimos en el circo de Roma; juntos hemos sido descuartizados por los caballos del desierto; juntos nos han quemado vivos en las hogueras de la Inquisici\u00f3n; juntos hemos sido degollados en la memorable noche de San Bartolom\u00e9; juntos hemos comido el pan de la esclavitud. Su pena era la m\u00eda: mi dolor su dolor. Por eso en la tierra, con ser tantos los amores que me rodeaban, me faltaba algo, \u00a1sent\u00eda que me faltaba \u00e9l! <br><br>\u00a1No deb\u00eda yo unirme con nadie en la tierra hasta que hallara al amado que tantas veces muri\u00f3 por m\u00ed! T\u00fa eras para m\u00ed un ni\u00f1o: busca un alma como la tuya, joven y sencilla, y contin\u00faa escribiendo tu historia, en cuyas p\u00e1ginas ni el fuego ni la sangre han dejado sus huellas. Adi\u00f3s\u00bb. <br><br>El amor no es un mito Los esp\u00edritus simpatizan, se buscan y se aman. Cuando en la tierra veamos familias desunidas, no juzguemos a la ligera: \u00a1qui\u00e9n sabe aquellos esp\u00edritus lo distantes que est\u00e1n unos de otros! \u00a1Pero el amor existe, no lo dudemos, porque el amor es la poes\u00eda de los mundos!.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentos Esp\u00edritas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Amalia Domingo Soler Era una noche hermosa de verano, cuando est\u00e1bamos varios amigos reunidos en el Sal\u00f3n del Prado, en Madrid, junto a la fuente de las Cuatro Estaciones. No s\u00e9 por qu\u00e9, nos dio la humorada de hablar sobre el espiritismo y el amor. 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